Medio Ambiente: Día de la tierra, con aislamiento y gata

Fuente: Listin Diario. Por Virginia Sánchez Navarro Así DEFINITIVA­MENTE NO ERA como había pla­neado celebrar el DIA DE LA TIE­RRA pero aquí vamos. La Tierra, al parecer, no nos está pidiendo juntaderas en la playa este año, no nos está pidiendo conven­ciones y rallies. Nos está pidien­do mantenernos quietos y tomar tiempo para pensar. Así que es eso lo que he tratado de hacer. Tengo que decir que es bastante difícil organizar mis pensamien­tos y escribir bajo el tumulto de más y más noticias de enferme­dad y despidos así que téngan­me un poquito de paciencia. Por­que lo que quiero decir viene desde un lugar de urgencia pero también de fé, quizás hasta in­fantil, en la raza humana.
Y luego de esta larga pausa, de este sueño forzado, el saber que nos despertaremos otra vez (que TENEMOS que despertar otra vez) es el lado bueno.
En medio de la oscuridad de la confusión, el virus ha iluminado el hecho de que:
Vivimos una existencia circu­lar.
Donde nuestras pequeñas, “insignificantes” acciones tienen repercusión en todo el mundo.
Cuidar de los otros es tam­bién cuidar de nosotros mismos, lo que a su vez ES cuidar de los otros.
Nuestra ubicación geográfi­ca o posesiones no nos hacen in­munes al sufrimiento.
Ha puesto claro que todo lo que EN VERDAD tenemos es la TIERRA en que vivimos: su agua, su flora, fauna Y su gente.
No podemos despertar de esta pesadilla y seguir siendo iguales. Eso sería ofensivo para todos los que han muerto y para los que están allá afuera poniendo en riesgo su bienestar por el de los demás. No podemos regresar al estilo de vida de auto-servicio e individualismo.
No podemos pretender no ha­ber visto cómo la contaminación ha hecho a la gente más vulne­rable a los daños del virus, cómo esta contaminación viene de las mismas industrias que apoya­mos a través de las leyes e incen­tivos que permitimos que pasen, y a través de nuestro consumis­mo. La misma contaminación que casi sin excepción afecta más duramente a las áreas po­bres del mundo, donde las per­sonas son obligadas a vivir en unambiente que mata un prome­dio de 7 millones de humanos al año*.
No podemos dar la espalda al hecho de que la misma gen­te que no puede acceder a una buena asistencia médica es a la que estamos exponiendo a toxi­nas o a trabajar bajo condiciones horribles y por menos del sala­rio mínimo… Y todo porque nos han hecho creer que NECESITA­MOS comprar más cosas, que podemos darnos el lujo de echar a la basura la comida, la ropa, hasta el agua, y comprar nue­  vas sólo porque nos las venden ba­ratas, porque estamos seguros de que hay mucho más dónde esas vi­nieron.
No las hay.
SI, vamos a sobrevivir esta pan­demia. Pero tenemos que recor­dar que, a través de la historia, las pandemias nos han enseña­do a cómo romper con antiguos modos de vida y a cómo cons­truir un futuro para nuestra nue­va realidad. Tenemos que pagar­les a esos a los que este virus les ha afectado más, con nuestro no olvidar. No olvidar que estamos juntos en este mundo, no olvi­dar que tenemos la responsabi­lidad de cuidarnos los unos a los otros. Y la mejor manera de cui­darnos es asegurándonos de que estamos haciendo a esta Tierra mejor, más saludable, más jus­ta para TODOS. Ya sabemos qué tan difícil la vida se puede tornar. Nos ha sido dado el chance de re­cordar lo que siempre supimos pero a veces nos han hecho olvi­dar: que todos sentimos de igual manera, sufrimos de igual mane­ra… las excavaciones de petróleo que parecen suceder tan lejos, es­tán destruyendo el hogar de HU­MANOS. Las ropas que compra­mos en especiales de cadenas europeas o estadounidenses fue­ron manufacturadas a través del abuso de HUMANOS. La inmen­surable cantidad de plásticos que compramos es hecha por fábricas que están pudriendo los pulmones de HUMANOS.
En este Día de la Tierra, cele­bremos no con nuestros stickers y bolsos eco-friendly (bueno, no solo con nuestros stickers y bol­sos eco-friendly) sino con esta nueva oportunidad que el pla­neta nos da de REGRESAR A LO VERDADERAMENTE IMPOR­TANTE: el saber que no esta­mos solos en este mundo nues­tro, que la ilusión del individuo, de la otredad NUNCA va a soste­nerse. Que podemos, y tenemos la responsabilidad de, hacer este planeta un buen lugar en el cual vivir no solo para nosotros si no para toda la raza humana.